Cuento Destacado
MARCOS (extracto)
El auto, un Chevrolet del año 35 venía a toda velocidad; cuando se escuchó el simpático pito del policía cerrando el paso, los autos pararon en la esquina de la plaza, llamada por algunos Rosedal o parques de Palermo.
Cuando todo el mundo vió que el Chevrolet, subía a la plaza y frenaba con gran estruendo contra el farol inocente de la verde plaza.
El policía, junto con otra gente fueron a ver que pasaba y cuando llegaron al auto se encontraron con “Marcos”.
El policía preguntó: “¿Que pasó? Usted manejaba?”
Marcos: “Mire, me quedé sin frenos.”
El policía: “¿Tiene registro?, ¿Cuantos años tiene?”.
Marcos timidamente contestó: “No tengo registro porque tengo trece años y soy menor de edad”.
Lo que el policía contestó seriamente: “Acompañeme a la comisaría”.
Los padres de Marcos eran comerciantes, que tená buen pasar, pero su única debilidad era su hijo “Marcos”.
El padre, Don Carlos Chelano, de descendencia y origen italiano, pintor, escultor y buen comerciante, aparentaba unos jóvenes sesenta años, una barba castaña, cara alargada, de buena estatura y cuerpo bien formado por juventud deportista.
A mujer, más joven, de pelo negro, delgada y muy distinguida en sus facciones como sus manos.
Don Carlos fumaba su pipa, largando pequeñas bocanadas de humo y leía La Prensa. Sonó el teléfono y su mujer, Layla, fué a atender, y luego con vos preocupada vino hacia su marido y le comentó tímidamente: “Carlos, es de la comisaría, quieren hablar con vos”.
En la comisaría.
Marcos estaba sentado en un silla, mientras pensabe que le iba a decir a su padre, y como éste iba a reaccionar con él, pero no se preocupaba mucho pensando que lo máximo que haría su padre sería dejarlo sin comer y una paliza más. Seguro de ésto se quedo tranquilo pensando que este incidente no iba a pasar a mayores.
El Oficial de Guardia: “Pibe, está tu padre, podés irte”.
Don Carlo lo esperaba de pie y caminando de un lado a otro con grandes pasos, mientras que con la mano se acariciaba la barba y mascullaba algunas palabras en italiano.
El Oficial de Guardia: “Acá está su hijo Sr. Chelano”.
Marcos avanzó observando la cara de su padre.
Este le dijo: “Bueno, Marcos, caro mío, tu te la has buscado”.
Fueron hasta la casa y allí estaba su madre que enojada le preguntaba que habia hecho, lo que luego contestó Don Carlo sobre el choque y el hurto del auto de su casa.
Lo dejaron encerrado a Marcos, dentro de su pieza en penitencia, y se fueron los dos, padre y madre, conversando en italiano, lo que iban a hacer con este hijo descarriado.
Esa noche, Don Carlo, después de comer mientras leía La Prensa, y su mujer tejía una bufanda, empezaron a hablar de su hijo.
Don Carlos: “Carla, me parece que este hijo nuestro no tiene areglo, no trabaja, no estudia y lo único que nos trae es problema”.
Carla: “Caro mío, es un buen chico, está pasando por una edad dificil, comprendelo”.
Don Carlo: “Hoy, lo que pasó en la comisaría, ya me conocen de memoria. Todas las semanas lo voy a buscar y algún día no lo voy a poder sacar porque va a ser mayor y va a hacer una grande. Lo sé, lo sé, Carla”.
Carla no dejándose convencer por los argumentos angustiantes sobre su hijo sólo se limitaba a contestar con su amor de madre: “Caro mío es un buen chico, tiene buena madera”.
Don Carlo refunfuñó, agarró La Prensa entre sus gruesas y delicadas manos e hizo un bollo de papel tirándolo al canasto de la basura. Luego apagó la luz de su costado y se puso a dormir mientras su esposa seguía lo más tranquila tejiendo la bufanda para su hijo.
Pero en la cabeza de Don Carlo se repetía aún con tremenda monotonía las palabras de su esposa amada. Si matemáticamente se repetían una y otra ves como oculta cábala para desgracia de éste que no podía conciliar el sueño ni pudo en toda la noche. Las palabras que golpeaban en su mente eran: “Caro mío, Marcos es un buen chico, tiene buena madera”.